Les han dejado salir. A los niños. Condiciones estrictas. Sorprendía verlos por las calles. ¡Niños por las calles! Sensación de cierta relajación, como si estuviéramos saliendo del túnel. Y, a la vez, tengo la intuición de que no, de que la salida será más lenta de lo que nos imaginamos, de que estamos en el túnel aún. Aunque el circulo de luz, al fondo, se va agrandando.
Lluvias y sol, por momentos. Aprovecho el sol y sigo leyendo lentamente, sentado en la azotea, a Dante. Está ya en el cuarto o quinto cielo. Es un viaje envolvente. Círculos, descensos, ascensiones, infiernos, cielos. De un gradiente vertiginoso. De la oscuridad absoluta a la luz más deslumbrante. Del diablo Malasgarras a la Beatriz iluminada.
Un viaje semejante debería ser este aislamiento. Bajada a la oscuridad y ascenso y salida, transformados, a la luz. Algo parecido a la experiencia mística. ¿Saldremos transformados?