Charla vespertina con los vecinos de las terrazas aledañas. Tenemos que hablar fuerte para que se nos oiga. Es una charla a voces —obligadas—. La tarde se espesa con el calor.

Sorpresa de habernos conocido. Tanto tiempo viviendo cerca y solo ahora, confinados, nos encontramos. Ha sido necesario que nos paremos para ver lo que tenemos más próximo.

Es el cumpleaños de Paco, nuestro vecino dos casas arriba. Lo festejamos con tartas que han hecho él y su hija Inma. Volvemos a brindar en un escenario amplio pero ya familiar, casi íntimo, con diversas alturas, a metros de distancia los unos de los otros. La vital importancia de la celebración, a pesar de todo.

La conversación gira sobre lo que nos gustaba antes de la reclusión. Lo básico, el valor de las cosas sencillas para sentirte a gusto, reclama Yolanda. Entre ellas, hablar con la gente con la que te vas encontrando, un paseo, una copa compartida…

Comienza la fase 0. Peluquerías, ferreterías…se abren, podemos entrar. Sensación de descompresión. Comienza la vuelta a la nueva realidad. ¿Cómo nos la encontraremos?