Hemos perdido nuestra cultura en un día. Adiós a los saludos, a los abrazos. Se impone la distancia. Mínimo un metro; por la acera, al acercarnos se va imponiendo la desconfianza, esa distancia, que es su representación física. Casi no nos miramos, casi no queremos vernos. Caminamos solos. Personas aisladas se mueven sonámbulas. En los supermercados vuelve algo de la realidad anterior, algo más de cercanía, sin fiarnos demasiado.
¿Recuperaremos la proximidad igual de rápido que ahora se impone lo lejano? ¿O al cabo de los meses habremos descubierto cierto regusto en esa distancia? ¿Costará trabajo acercarnos igual que ahora cuesta separarnos?
«Más quisiera saber, si a ti te place/cuanto hay que caminar, porque esa cumbre/más allá de mi vista se levanta» (Dante, Comedia, Purgatorio canto IV)
