Videoconferencia con amigos, como todos los sábados. Tenemos bien organizadas las nuevas rutinas. Pero hoy resulta demasiado estrecho el ancho de banda de la red; sábado noche, debe de estar media España en multiconferencia. El guirigay de voces, retornos, retardos, imágenes que entran y otras que salen, convierte la esperada videoconferencia en una torre de babel. Y sin embargo nos mantenemos hora y media buscando la comunicación como sea, tratando de entender lo último que ha dicho Maxi, o la respuesta de Diego, que acerca la cara a cámara – y se agiganta en un segundo – para hacerse entender mejor, aconsejándonos sobre cómo mejorar la maltrecha experiencia de usuario, una suerte de confinamiento en el camarote de los hermanos Marx. Y sin embargo, lo dicho, hora y media.
Al final del día, la tormenta. Agua cayendo en tromba, golpeando con fuerza sobre los tejados y sobre la montera de la azotea. Sigue el mayo lluvioso y fecundo. Como así debería ser el confinamiento.
