Nuevo mes, viene el calor. Llega también la posibilidad de salir a pasear. Vamos a empezar a recuperar los gestos cotidianos más valiosos. ¡Salir a dar un paseo! Haber perdido esos gestos durante un tiempo, que se ha hecho muy largo, es una forma rotunda de valorarlos bien. ¡El placer de poder salir una hora a pasear o a correr! Volvemos a las cosas esenciales. Y dar un paseo lo es.
Restricciones. Restricción espacial; no a cualquier distancia. El territorio de esta nueva libertad estará limitado, acotado, definido. Empezaré a cambiar algunos hábitos. Dejaré de correr en la azotea para hacerlo en calles y parques.
Vuelvo a ver, ahora en televisión, Bailando con lobos. La ví por primera vez en el noventa. Historia de confinamiento en la soledad — en medio de la pradera inmensa—, que sin embargo termina en encuentro. Un encuentro, como el que hemos tenido con los vecinos de las casas colindantes, en el espacio abierto de la azotea. En su cumpleaños, Yolanda nos invita a tarta hecha por su hija. Brindamos, con Paco —que también está con su hija—, entre las alturas variadas de las diferentes terrazas. El confinamiento desembocando en amistad.