Con el paso de las tardes hemos conocido a buena parte de nuestros vecinos de tejados, azoteas y terrazas. Yolanda, Inma, Paco, Vicente, Loli… Me subo a una silla para ver mejor a Vicente y a Loli, dos tejados hacia el norte, hacia Vendederas y, brazos abiertos, saludarlos. Tantos desayunos compartidos en su cafetería. Años leyendo la prensa, café con churros, cuaderno de notas a mano. ¡Tanto afecto me han mostrado! Ahora nos vemos entre tejados, al caer la tarde.

Yolanda presta un portátil a Lola. Inma dedica una canción a Paquita en su cumpleaños. Se oye en todo el barrio. Y Paco, desde sus alturas de edificio de cuatro plantas, nos invita, “cuando esto termine”, a visitar su azotea desde la que veremos toda la Sierra. En la distancia, hablamos y compartimos estos días y sus afanes. Compañía, calor y conversaciones, en el espacio abierto ante lo abstracto incomprensible.

El contacto humano se establece entre la geometría triangular de los tejados, antes despoblados. El espacio-azotea va adquiriendo significados: fluyen las conversaciones, los intercambios, toma vida, se va poblando de intimidad. La vida, humana, que surge por donde puede.

Amparo nos dedica hoy una preciosa canción de los sesenta. Il Mondo, de Jimmy Fontana. A pesar de la parada, de la reclusión y del silencio de los bares y de las cafeterías, il mondo gira. “Nel tuo silenzio io mi perdo”