Suenan himnos de fiesta. No nos resignamos a no celebrar. En Andújar, estos eran los días previos a la Romería. Y se nota. El confinamiento no ha podido con el festejo. La expresión se ha vuelto a abrir camino. A pesar de la monotonía, se palpa en el ambiente un aire especial, diferente. No es otro día más de confinamiento.
Llegó el atardecer y las azoteas se han llenado de música. Vibran las voces por las megafonías instaladas en los balcones.
La calle Vendederas es una algarabía de balcones, banderines, farolillos. Esta gente ha conseguido celebrar la fiesta a pesar de todo. Nos sumamos. Lola crea, en treinta minutos, una azotea de romería. Carteles, pañuelos, trajes de gitana, pitos de Andújar, estadales… Los símbolos. La fuerza de lo que tiene significado.
Encerrados y confinados. A pesar de eso y con un poco de tecnología —tecnología para la fiesta— se ha mantenido la tradición. Suena el himno de la Morenita. Nos vemos con los vecinos de las azoteas. Subimos viandas en una cesta a la terraza de Yolanda, cinco metros más arriba. Luego a la de Paco, más difícil, con un patio de por medio y diez metros más alta. Lo conseguimos, la cesta llega intacta. Luego Paco la comparte con Inma, en otra terraza colindante con él, descendiendo ahora la cesta del avituallamiento. Brindamos en la distancia. Enviamos fotos, vídeos. Bailamos.
Mañana viene Canal Sur, a las doce. «Poneos guapos». Conversaciones abiertas. Una intimidad de trescientos cincuenta metros. Hablan y hablan. La calle entera hablando. La calle, como espacio reinventado.
Se reconocen, se ríen, con el distanciamiento social. Vecinos de Vendederas. A pesar del coronavirus.
