Leo mis notas de tiempo atrás. Muchas de ellas tomadas en cafeterías, desayunando, con toda la algarabía de otros tiempos. Ambientes que ahora resultan extraños, casi exóticos, llenos de conversaciones, tintineos de vajillas, risas, cierto estruendo interior que contrastaba con el ir y venir de la gente afuera, en la calle.
Entre esas notas encuentro la del siete de enero del 17, me extraña por la fecha —creía más cercana la desaparición de Ricardo Piglia—, tomada en El Vicente, en el abigarrado entorno de la plaza de abastos de El Puerto: “Piglia que muere de ELA. Lo físico que dinamita, arrastra y arrebata la claridad y la actividad intelectual. Estoy de buen ánimo porque sigo dándole poca importancia a la realidad, cita Guerriero a Pliglia (Leila Guerreiro, en el diario El País).”
David nos dedica San Francisco de Scott Mckenzie. ¡Que canción tan representativa! De nuevo la música removiendo las emociones. Contrastes entre el pasado y el presente. Paradojas de vivir un presente que revive día a día un pasado tan distinto. San Francisco, people in motion.
Finalmente, atardece entre lluvias y arco iris.
