La tarde se ha ido cerrando y ahora llueve. Brillan las tejas sobre un fondo de grises.

Hay días en que las noticias cierran también el horizonte. Europa está en juego. Un proyecto largo, ambicioso y difícil, puesto en juego por un virus. Hay países del Norte, y políticos concretos de esos países, agarrados a esquemas mentales anteriores a la pandemia; no parece que la dimensión del problema les haya hecho cambiar.

Soy como el junco que se dobla, pero siempre sigue en pie, dice la letra de Resistiré. Se echa en falta esa flexibilidad. La inteligencia tiene que ver con saber adaptarnos a las situaciones nuevas. Y esta situación, desgraciadamente, es especialmente novedosa.

El problema se extiende por todos los continentes. En los distintos estadios del proceso cada país está, y va a estar, en una fase distinta. Unos entrando, otros en el punto más grave, otros saliendo. ¿Surgirá la desconfianza o la solidaridad? Momento clave. Alternativas, toma de decisiones. ¿Cómo tomamos las decisiones? Utilizando criterios: unos a nivel consciente, y otros sin saberlos.

Sorprende que algunos de estos políticos no vean la dimensión sistémica – el término encaja ahora más que nunca- del problema. La solución parcial – si es que existe una solución parcial- difícilmente será viable, incluso económicamente. Tensión. La niebla se hace más densa.

Esta lluvia de primavera impide a nuestros amigos de Vendederas su estimulante ceremonia de música y ánimos. No se escucha la voz de Inma. Y se la echa en falta.

Aumenta el recogimiento.