Los aplausos de las ocho y la música posterior entre las azoteas son una opción de vida. ¿Cómo queremos vivir? Oigo decir a la speaker vecina, hablando a sus vecinos por la poderosa megafonía que tiene instalada, que hay disfrutar las cosas buenas de la vida, ahora que nos damos cuenta.

Me llega un cuento de solidaridad. Buscar el globo con el nombre de otro y entregárselo se consigue pronto. Buscar el globo con tu nombre, entre la multitud de globos en la habitación y la gente buscando afanosamente el suyo, es un caos.

Entre la avalancha de mensajes, un emocionante video de una mujer con pañuelo en la cabeza, cantando de maravilla Color de esperanza, acompañada a la guitarra por su pareja. Sé, que las ventanas se pueden abrir…quitarte los miedos, sacarlos afuera…saber que se puede.

Me envían una foto mía con J. T.  de hace más de treinta años. En Barcelona, en las Ramblas. Ni una cana; claro.

Me envían documentos del año 37. Guerra civil. Autorizaciones para llevarse sacos de cebada, de paja; vales por 20 sacos de cebada y 8 de trigo para el consumo del comité del frente popular; papeles amarillentos, letras de máquina de escribir, firmas manuscritas.

Vuelve el pasado. El futuro se ha empequeñecido. Y hay momentos en que te olvidas del pasado y entonces solo queda el ahora. El tiempo se ha terminado, leo que dice el Apocalipsis en su capítulo 10. Es difícil quedarse en este instante, y reorganizamos el pasado. Recomiendan el cuarteto para el fin del tiempo,de Oliver Messaien, compuesto en un campo de concentración nazi. Estrenado allí