Me pregunta Pepa por el blog. Dos días sin actualizar. Aún en el confinamiento, se produce una cadena de acontecimientos, y no encuentras un minuto. Asombra, al darme cuenta, como podemos repetir, como repetimos, esquemas de las rutinas diarias aprendidas en el pasado.  Y sin embargo, el blog se ha convertido en algo nutricio, adictivo, como el ejercicio físico alrededor de la montera de la azotea. Círculos.

Charlo en la azotea con Paco, siempre en las divinas alturas de la suya. No era habitual —pero ahora sí— hablar con una persona que está ocho metros por encima tuya. Se nota, se impone, el desnivel. Tu miras hacia arriba, forzando el cuello; él, desde su lugar dominante, te mira hacia abajo, agachando ligeramente, con suavidad, la cabeza. Habláis. Interviniendo la imaginación —Paco es una excelente persona—, veo mi posición cercana a la súplica; y la de él, en el etéreo más allá de su alta azotea, próxima a la condescendencia. Consecuencias propias de la diferencia de energía potencial. Y del urbanismo del confinamiento.

¿Y de qué hablamos? De las medidas de la desescalada que se acaban de anunciar. Fases, etapas, liberaciones, círculos. Como los círculos de la Comedia, nos envuelven los deseos de desvelar el futuro. Son necesarios, sin duda; es humano hacerlos. Es una obligación hacerlos. El ánimo ante todo. Pero también es verdad que sugieren ligeros movimientos ilusorios, jugueteos de los humanos ante la dimensión olímpica de la pandemia.

Miro en el diccionario de la RAE por pandemia, y la ironía me devuelve que viene del griego pandēmía, ‘reunión del pueblo’.