Miro la azotea de forma intermitente. Existe una compleja geometría –que me fascina- de tejados, sombras, luces, volúmenes. En ese abstracto espacio cubista aparecen elementos tecnológicos. Antenas; orientadas, bocas abiertas buscando el aire que lleva la información. Sus estructuras, frías y esqueléticas, chirrían metálicamente frente a la armonía de la cal y de la teja.
Las nubes, cambiantes, redondeadas, ponen un fondo de dinámica lentitud frente la solidez estática de lo construido.
Al fondo, sobre los tejados, un hombre -asomando medio cuerpo- camina. Ahora desaparece tragado por una tapia. Al cabo, vuelve a aparecer, metódicamente, matemáticamente. Da vueltas en torno a su terraza. Como yo, cuando corro treinta minutos alrededor de la montera, como si la montera fuera mi tótem al que adorar. Círculos repetidos. En la Comedia, Dante desciende y asciende a través de círculos. Simbólica geometría.
Elijo los tejados inclinados, abigarrados y anárquicos, a la perfección del círculo.
