Sabe la tarde a larga tarde de verano. Por el sosiego, por la quietud extraña, por un silencio de letargo.

Leo la prensa. Encuentro anuncios y secciones de periódico que en dos semanas han quedado fuera de lugar, o plenos de ironía si no fuera por el drama que reflejan. ¿Quién piensa ahora en comprarse un coche? ¿Viajes? ¿Qué viajes? Los viajes de la ficción, los viajes de la historia, de la poesía.

Jorge Valdano escribe sobre fútbol y la pandemia. El virus ha puesto al mundo del fútbol en su sitio. Una simulación de la realidad, afirma; pero la realidad, ahora, es más poderosa. Ha vencido a la simulación. Tenemos una realidad que es una fuente de interrogantes.

Observo los juegos que el sol hace con los tejados; con las pinzas de la ropa, con las chimeneas, proyectando sombras imprevistas sobre los lienzos encalados de los muros medianeros. Sombras dinámicas conforme el día avanza. Gratas sorpresas, cuando creías agotado el repertorio, pensando que ya habías escrutado todos los rincones, todos los ángulos, de la azotea.

Mi seguimiento de Dante me lleva a la cuarta cornisa del Purgatorio. Los pecadores de soberbia, ira, pereza… han quedado atrás. ¿Coincidirá la llegada al Paraíso con el final del aislamiento? Lo leo despacio, detenidamente, entre las sombras y las luces que el día va creando alrededor.      

Oh, fantasía,tú que nos conduces

fuera de lo real y ni siquiera  

oímos mil trompetas atronantes    

(Comedia, Purgatorio, canto XVII, 13-15)                              

Pinzas y sombras