Quedada de vecinos en las azoteas para rememorar los viejos tiempo de hace un par de semanas. Aquellos días en los que nos encontrábamos a partir de las ocho, después de los aplausos, bajo la animosa música que ponían nuestros amigos de la calle Vendederas.
Nos habíamos acostumbrado a esa ceremonia, y ahora la echamos de menos. Nos hemos visto -con Paco, con Yolanda- estos días por las calles de Andújar, o haciendo el debido deporte entre las ocho y las once de la noche…pero notábamos la ausencia de esas charlas entre las terrazas. Cada uno a una altura diferente. Unos mirando hacia arriba, otros hacia abajo; tonos altos en la voz de las conversaciones para poder salvar las distancias, las alturas, los ecos, el entramado de muros, tejados y patios.
Maravilla que, en el fragor del confinamiento, en el corte repentino de costumbres y de hábitos, y a pesar de todo, creemos inexorablemente. Nuevas rutinas, nuevos encuentros, nuevos hábitos sociales. Ruptura creativa.